Madrid 1 Dic 2009, Serge G Laurens* .- Europa ya no es la misma que hace 50 años, como tampoco lo es el resto del mundo.
Hoy más que nunca, en un mundo globalizado que no deja de cambiar, Europa debe afrontar problemáticas nuevas: mundialización de la economía, evolución demográfica, cambio climático, abastecimiento energético, nuevas amenazas para la seguridad.
Los Estados miembros no están ya en condiciones de afrontar en solitario todos estos nuevos retos, que no conocen fronteras. Sólo un esfuerzo colectivo a escala europea permitirá hacerlo y responder a las preocupaciones de los ciudadanos. Pero, para ello, Europa tiene que modernizarse. Necesita instrumentos eficaces y coherentes adaptados no sólo al funcionamiento de una Unión recientemente ampliada de 15 a 27 miembros, sino también a las rápidas transformaciones del mundo actual. Esto implica renovar las normas de la vida en común establecidas en los Tratados.
Este es el objetivo del Tratado firmado en Lisboa el 13 de diciembre de 2007. Al acordar esas nuevas normas, los Jefes de Estado o de Gobierno tenían presentes los cambios políticos, económicos y sociales que se estaban produciendo y la necesidad de responder a las esperanzas y expectativas de los ciudadanos europeos. El Tratado de Lisboa establece qué puede y no puede hacer la UE, y qué medios pueden utilizar. Modifica la estructura de las instituciones europeas y sus métodos de trabajo, para que puedan dar mejor servicio a la democracia y a los valores fundamentales de la Unión.
Este Tratado es el fruto de negociaciones entre los Estados miembros reunidos en la Conferencia Intergubernamental, en la que participaron también la Comisión y el Parlamento Europeo. Ha sido ratificado por los 27 Estados miembros. Cada uno de ellos podía elegir su propio método de ratificación, de acuerdo con sus normas constitucionales. El Tratado entró en vigor hoy 1 de diciembre de 2009, según lo dispuesto en su artículo 6.
La aventura comenzó no obstante hace ocho años, con la elaboración de la Constitución Europea, que jamás vería la luz. El Tratado es su hijo póstumo. Ha habido obstáculos, dificultades, pero también determinación política para avanzar. Es un tratado difícil, pero ha llegado hasta el final y esto representa, sin duda alguna, una victoria política indiscutible para Europa.
Los fracasos cada vez que se ha realizado una consulta a los ciudadanos revelan el déficit democrático del proyecto europeo. Este déficit es un indicador del "fracaso de los Gobiernos en crear un debate constructivo sobre Europa", como señala Jürgen Habermas. El filósofo alemán lamenta en su obra Europe, The Faltering Project que el espacio público europeo es campo de debate para las élites, pero en el que los ciudadanos no se ven implicados. Como nos lo recuerda en la edición de El País Andreu Missé
A partir de ahora, el texto también formará parte de las vidas de los cerca de quinientos millones de ciudadanos de la Unión.
El nuevo texto modifica los actuales Tratados de la UE y la CE, pero no los sustituye. El nuevo Tratado brinda a la Unión el marco y los instrumentos jurídicos necesarios para afrontar los retos del futuro y responder a las expectativas de los ciudadanos. Los retos: .-Una Europa más democrática y transparente: el Parlamento Europeo y los Parlamentos nacionales tienen mayor protagonismo, hay más oportunidades para que los ciudadanos hagan oír su voz y es más fácil saber cómo se reparten las tareas entre la Unión y los países miembros. .-Una Europa más eficaz, con métodos de trabajo y votación simplificados, instituciones modernas y adaptadas a la Unión de los veintisiete y más capacidades para actuar en los ámbitos prioritarios para la UE de hoy.
.-Una Europa de derechos y valores, libertad, solidaridad y seguridad, que potencie los valores de la Unión, conceda rango de Derecho primario a la Carta de los Derechos Fundamentales, establezca nuevos mecanismos de solidaridad y garantice una mejor protección a sus ciudadanos.
.-Hacer de Europa un actor en la escena global combinando los instrumentos con que cuenta la política exterior europea a la hora de elaborar y aprobar nuevas políticas. Se ponen en juego todas las capacidades económicas, humanitarias, políticas y diplomáticas de Europa para fomentar sus intereses y valores en todo el mundo, respetando los intereses particulares de los Estados miembros en el marco de las relaciones exteriores.
*Politólogo y Sociólogo |